Estaba poniendo en orden mi escritorio y, de repente, me ha parecido ridículo no volver a escribir en el blog. No tenía sentido cerrar con la última entrada, pero no podía afrontarme a la vuelta así sin meditarlo.
Ayer me llegó un mensaje que decía: "estoy pasando por debajo de tu casa". Luego me dirían que la tentación de llamar al telefonillo fue muy grande. Solo para quedarse un rato, como siempre.
Realmente está siendo duro reincorporarse a la rutina. Madrid, tan bonita como la dejé, la gente un poco más cambiada.
Hay días buenos, pocos, y días malos, la gran mayoría. Tengo muchas ganas de hacer cosas, pero algo que no se puede explicar te lleva a estar hundido en la mierda. Las ganas de salir y socializarse desaparecen y solo te queda el odio al mundo y la imposibilidad de diseñarlo todo como era antes de partir. Lo del más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, se podría aplicar en este caso perfectamente.
Me he dado de margen septiembre para volver a la normalidad. Pasará, pasará, no para de repetírmelo. En definitiva, que la depresión post erasmus (patología reconocían, que no se rían!) no deja de ser parte del proceso y tenía que tener cabida en este diario.
En el cuaderno de las listas (si, todos tenemos uno), ha aparecido el "post-despedida" que escribí en el tren cuando volvía de Sicilia. Ha dejado de llamarse el último, pero me apetece que quede archivado por aquí.
Asi que, lectores imaginarios, trasportémonos al 28 de Julio:
(entre parántesis los comentarios a día de hoy)
VUELVO CON:
- Un tobillo mal curado (que todavía da por culo a veces, estoy mayor)
- Kilos de más (no tantos ya. Demos gracias a la desaparición de los carbohidratos)
- Muchas regiones de Italia tachadas en el mapa (no todas, planes de vuelta más que pensados)
- Amigos internacionales
- Experiencia en la cocina (aunque sigo siendo un desastre algún día pruebo a organizar una cena)
- Algunas buenas recetas (remitirse al punto anterior)
- Gente repartida por toda España a la que habrá que visitar (Granada, estoy llegando)
- El deber de hacer madrina de nuevos erasmus (que vivan los segundos erasmus en tu tierra)
- Ganas de contarlo todo y no ser odiada por mi itañolo (progresa adecuadamente en este punto)
- Una nueva lengua "aprendida" (y no, no es el itañolo. algo he aprovechado el año jode)
- La sensación de ser partícipe de alguna manera de una cultura que no es la mía.
- Un master en trenitalia (me cago en la leche como es de caro el transporte en España)
- Ryanair entre las páginas con acceso directo el el firefox.
- El itunes renovado y hablando en otro idioma.
- La promesa de un Umbria Jazz 2010
- Pocos regalos. Cosas del sobrepeso
- El último año de carrera por delante (y alguna asignatura de cuarto gracias al fantástico departamento de la Karen)
- Tantos programas para un pronto retorno (que ya tiene fecha en el 9 de septiembre, soy lo peor)
- Tantas experiencias imborrables.
- Un Leonardo a la espera... (es el ciclo de la vida después del Erasmus)
VUELVO SIN:
- DNI y Pasaporte, ambos dos perdidos en combate (sigo yendo indocumentada por la vida)
- Mi compañera de piso alemana (cuánto se la echa de menos)
- Parmiggiano y café (el amaro del capo lo compro sin falta en el próximo viaje)
- Posibilidad de organizar comidas y cenas varias con una hora de antelación
- Morlacchi
- Fontana
- Hornito (se me hace la boca agua de pensar en los Calzone que hacían...)
- Poder odiar el Domus todos los días
- El billete trenitalia ilimitado
- Más viajes a Florencia
- La DJ's expirience con Estopa de Banda Sonora
- Birretta en las escaleras
- Casa en el centro
- Tantos prejuicios e inseguridades
- Haber comido carne de caballo (vir sigue sin perdonármelo)
- Tanta ropa como vino
- El aprobado asegurado
- El acento gracioso
- Cierto napolitano
... Vuelvo sin ganas de volver. Y esto, por desgracia, sigue siendo un poco verdad.
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Hace 6 meses